Discurso y praxis
Hernán Hurtado
Universidad de Zhejiang
Un rasgo transversal de la naciente República Popular de China
fue que se erigió como una experiencia gubernamental auténtica con sus propias
formas y mecanismos en permanente discusión y superación, vale decir, no
necesariamente entendido a la usanza del marxismo y sus categorías conceptuales
que de hecho son préstamos útiles para el discurso y praxis de lo que en ese
contexto local y global acontecía, sino como cultura política basada en
tradiciones confucianas de longue durée[1] muy arraigadas en la cosa
pública.
De esa manera Mao a la cabeza del Partido Comunista de
China vence al Ejército de la República de China liderado por el Kuomintang (中国国民党 o
KMT) y funda el 1 de setiembre de 1949 la República Popular de China (中华人民共和国)[2] como corolario de la
guerra civil y la resistencia a la invasión extranjera. Siendo las primeras
medidas adoptadas del nuevo régimen, teniendo como referente la experiencia y
cooperación de la Unión Soviética, el reflotar la agricultura y forjar nueva y
creciente industria en un marco de reconstrucción económica post guerra.
Con el mismo tenor anterior a la República Popular China,
desde que Mao fuese Secretario de Propaganda del Partido Comunista, observó en el
imaginario popular y en las arraigadas expresiones colectivas populares, como
lo hicieron los rebeldes del 4 de mayo de 1919, que los movimientos culturales
son un vehículo extraordinario para los movimientos políticos y en categorías
marxistas la propaganda debería establecer la nueva cultura comunista en
contraposición del viejo Estado opresor y sus manifestaciones culturales, pero
además debería recrear y adoptar lo positivamente tradicional y es aquí que Mao
pone especial atención a lo que él denomina los trabajadores culturales en un
Frente Cultural que debería soportar y hacer florecer la gran revolución, esto
es, que la nueva sociedad posea desde su realidad sus propias formas
dialécticas de manifestaciones culturales. Mao se aproximó, por decir lo de
alguna manera, en invertir en la Ópera de Beijing como símbolo del arte
tradicional de China diferente del de Occidente. Esta voluntad política
soportada en la asistencia y administración pública por las artes y cultura se
consideraría como un cimiento sobre lo que luego devendría en la aplicación de
la política de reforma y apertura de Deng Xiaoping generando más oportunidades
de desarrollo desde un firme respaldo a la protección de este arte tradicional[3]. Entonces administrar
Cultura para el régimen de Mao se tradujo, desde un rígido control político, en
publicitar lo culturalmente oficial: literatura, monumentos arqueológicos,
ópera, teatro, tradiciones, etc.
En un contexto de tensiones políticas locales e internacionales
el gobierno de Mao Tsetung en 1957,
atravesaba un difícil contexto internacional principalmente por su alianza con
la Rusia de Kruschef, y optó por una política de apertura a la crítica y
competencia dentro de China, con el cliché de “Dejad que florezcan cien flores;
dejad que cien escuelas del pensamiento compitan entre sí”. De aquí que no
tardaron en sacudirse numerosas críticas al sistema política y económico del
gobierno que evidenciaban un golpe a la popularidad (Zaldívar 2012).
Veamos entonces que la célebre cita de Mao (2 de mayo de
1956) "Que se abran cien Flores y que compitan cien escuelas" (百花齐放,百家争鸣 / 百花齊放,百家爭鳴) o en
otra traducción “Que cien flores se abran, y compitan cien escuelas
ideológicas” resulta una premisa
política bastante distanciada del ejercicio de libertades del régimen, sin
embargo es una generalidad que podría ser mencionado por un liberal a ultranza
o por un anarquista, sin mayor desacuerdo. Este período fue breve y
experimental, concitando en Occidente el interés de importantes intelectuales
como André Malroux, Jean-Paul Sartre y Roger Garaudy, aunque confundiéndolo con
una apertura ideológica sin restricciones, cuando de hecho estaba circunscrita
al programa político del Partido Comunista de China.
Luego entre los antecedentes de valor permanente en la
década (1966-1977) de la Gran Revolución Cultural (无产阶级文化大革命)
destacan la práctica de la crítica y la
autocrítica como un componente fundamental de la formación política y de los
valores cívico-revolucionarios ante las expresiones populares que, nuevamente
en categorías de Mao, son expresión del desarrollo de las fuerzas productivas
de las instituciones políticas.
Otro valor permanente interesante es el expresado
textualmente por Mao al escritor y político francés André Malroux, en el
sentido de que la cultura revolucionaria debe fortalecer valores opuestos a la
cultura de la “vieja sociedad”, dando
un valor especial a la fuerza creativa del pueblo y a lo que Mao define como
una “ley de la evolución” revolucionaria: “A pesar de todo, el débil puede
vencer al fuerte” (Malroux, p.83).
Por lo tanto la Cultura Política en la Era de Mao presume
una estricta política estatal centralista y la administración de Cultura de
forma transversal rescatando valores confucianos clásicos. El caso de la difusión
renace con la experiencia política y conducción quien en el momento de lucha
contra la oligarquía como secretario de Prensa y Propaganda del Partido
Comunista de China recorrió todas las provincias de la gran China. Por eso
consideraba al Frente Cultural como columna para soportar y nutrir la posición
de clase en cuanto refiera a arte y literatura (Tsetung 1971; 67-80) , para
llegado el avance del gobierno frente a las resistencias, lograra canalizar y
catalizar formas de difusión instrumentalizando la suma de historias y
asignando importancia, en categorías marxistas, a los trabajadores de la
cultura (Tsetung 1971; 185-187), en materia de formación escolar proyectada
también con la transformación de la vieja ópera, que esto significa la
modernidad y el progreso edificado desde la cultura del pueblo con sus
principios y sobre las necesidades reales y no imaginarias o subjetivas. Siendo
esta última conclusión, de cierto modo, parte del principio confuciano de la
armonía entre lo antiguo y lo moderno, lo conocido y lo que aguarda por serlo.
Bibliografía
BRAUDEL, Fernand
1958 Histoire et sciences sociales: La longue durée,
artículo publicado en Annales. Histoire, Sciences Sociales 13. 4 (octubre -
diciembre de 1958), pp. 725–753
MALREAUX, André
1976 Política de la
cultura. Traducción: Irene Geiss. Ediciones Sintesis. Colección Los de Siempre.
Buenos Aires.
TSETUNG, Mao
1971 Obras Escogidas
de Mao Tsetung. Tomo III. En El Frente Único en el Trabajo Cultural. Ediciones
en lenguas extranjeras. Pekín.
Zaldívar, Luis
2012 El Período de
las cien flores en la China de Mao. Blog Ojo Izquierdo. Lima.
[1]
Fernand Braudel acuña el término para referirse a un nivel del tiempo histórico
respecto a imaginarios, tradiciones o sistemas de contundente estabilidad y por
lo tanta de larga duración en el tiempo y en determinados espacios, para
metodológicamente distinguir el nivel de tiempo de la coyuntura, en que el
cambio es perceptible y finalmente de los tiempos de corta duración o hechos de
la historia relatada o de la narración des acontecimientos.
[2] La
República Popular de China fue proclamada en 1945, cuando las fuerzas del
Partido Comunista de China, bajo el liderazgo de Mao Tse Tung, se impusieron al
ejército de la República de China, el antiguo régimen chino, que desde entonces
se ha mantenido en la isla de Taiwán que estaba bajo el gobierno de la
República de China desde 1945.
[3] En
la actualidad durante todo el año hay espectáculos de este arte en el Gran
Teatro Chang’an. Además del Concurso anual Internacional de Aficionados de la
Ópera de Beijing que destaca por su vasta convocatoria. Esta producción
artística es parte fundamental de muchos de los programas de intercambio cultural
entre China y el extranjero.